En una situación de juego normal, como cualquiera de las que se presentarían en muchísimos partidos de fútbol profesional o amateurs, de adultos o de niños, un jugador con la posesión del balón se enfrenta a un portero debe resolver el enfrentamiento (¿qué hacer?). Su decisión estará condicionada por infinidad de variables (experiencias previas, capacidades, gustos, etc.,), entre las que destacaremos por supuesto, la oposición de uno o varios rivales dependiendo de la situación.

Tal incertidumbre requiere de un jugador acostumbrado a vivir en ella. Habituado a fluir en el desconcierto de un juego, en el que once jugadores cooperan entre sí, para cumplir con los objetivos propuestos, al mismo tiempo que el otro equipo coordina sus habilidades individuales para oponerse a esos mismos fines.

Ese es el Fútbol moderno. Ahora el futbolista no solo requiere de un alto dominio técnico y una buena preparación motriz. Necesita una preparación acorde a las necesidades del juego y estas pasan por una gran plasticidad mental para tomar decisiones rápidas que sean susceptibles de coordinarse con las de sus compañeros. Tanta complejidad, debe planificarse para ir desde lo más sencillo a lo más complejo. Desde el dominio del propio cuerpo, y del balón, hasta la capacidad de cooperar con uno o más compañeros para construir situaciones de superioridad numérica; por lo que debemos establecer una progresión lógica también a la hora de abordar su enseñanza.

Así pues, el Fútbol, objeto de nuestra enseñanza, condiciona de gran manera la forma en la que debe asimilarse. Y por otro lado, tenemos al sujeto que aprende; la forma en la que los seres humanos en general, y los niños en particular aprendemos también nos influirán a la hora de establecer una propuesta metodológica eficaz. Fútbol y niño son pues nuestros inspiradores. Jugar, la solución que defendemos, porque algo tan complejo como lo visto anteriormente, se puede aprender de forma natural, divertida.

Porque el juego nos emociona, nos colma de felicidad y logra como pocas cosas, acaparar toda nuestra atención, todos nuestros sentidos. Niños, jóvenes y no tan jóvenes logran sentirse plenos en un juego. ¿Qué mejor herramienta para crear un contexto de aprendizaje, que el juego?

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